Opinión

La infelicidad de los que trabajan en aquello que soñaron

La infelicidad de los que trabajan en aquello que una vez soñaron
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Escrito por David Blay

Recuerdo hace 15 años las conversaciones con mis compañeros de carrera. Fantaseábamos sobre dónde nos gustaría acabar trabajando, cuando nos hacían creer que todos los trabajos eran apasionantes y que podríamos estar en la misma empresa toda nuestra vida.

Muchos de ellos tenían muy claros sus objetivos. Y debo decir que la mayoría los alcanzaron. Supongo que como muchos otros jóvenes de muchas otras especialidades, que aspiraban a tener un gran cargo en un bufete de abogados o a dirigir una empresa con 400 empleados a su cargo.

Sin embargo, tengo conversaciones sistemáticas con muchas de estas personas. O algunas parecidas a ellas. A quienes si hubieras preguntado hace una década se hubiesen pintado felices personalmente y satisfechos profesionalmente donde se encuentran ahora mismo. Pero que, en realidad, están muy lejos de albergar esa sensación.

Y la culpa no es suya, porque no sólo ponen empeño en lo que hacen sino que, si hace falta, sacrifican horas de ocio para dedicárselas a las laborales. La culpa, como cada vez vemos de manera más consciente, es de vivir en una sociedad con parámetros industriales cuando la realidad nos indica que con un smartphone y un portátil pueden ejercerse con garantías el 60% de las profesiones.

Vivimos en la era de la tecnología y la conectividad, pero también del presencialismo. De la herencia de los directivos de 50 años en adelante que ‘mamaron’ los conceptos de que triunfa más el que más horas le echa. Sin detenerse a pensar que las horas perdidas a diario en una oficina cuando uno ha terminado lo que debía hacer no sólo inciden en la vida personal, sino que restan productividad y por tanto ingresos a la compañía.

Si una mujer quiere ser madre se la mira mal. Si quiere reducir su jornada, se la mira mal. Si un hombre quiere llegar 15 minutos más tarde por llevar a sus hijos al colegio, se le mira mal. Si un familiar se pone enfermo y hay que irse en medio de una reunión, se mira mal. Si hay una gestión personal en el banco que no puede esperar y uno debe ausentarse media hora de su puesto (que con toda seguridad recuperará más tarde) se le mira mal.

Y es aquí donde los dirigentes siguen preguntándose cómo es posible que sus trabajadores no estén motivados. Que acepten ofertas donde se les paga menos dinero. Que quieran irse a su casa cuando acaban su jornada aunque haya que entregar un informe vital para la supervivencia de un proyecto. Que alarguen el tiempo del almuerzo todo lo que puedan porque no les apetece meterse en otra reunión interminable.

El teletrabajo no va a llegar de forma radical. Y mucho menos en España. Pero es necesario un cambio urgente de paradigma. Si no mandas a tus empleados a trabajar en casa, al menos cámbiales las formas en su lugar de tareas diario. Permíteles flexibilizar los horarios. Déjales marcharse si han terminado lo que tenían que hacer a las cuatro de la tarde. Premia (y no sólo con palmaditas en la espalda) iniciativas intraemprendedoras. Y, sobre todo, hazles trabajar por objetivos: unos objetivos que deberás marcar tú, que al fin y al cabo eres el jefe y el que sabe hacia dónde quiere que vayan los esfuerzos.

Y, cuando pase un tiempo, permite a algunos de ellos trabajar un día desde su casa. Pero no con aplicaciones que controlen que están sentados delante del ordenador, sino con confianza absoluta. Pídeles si quieres un informe de lo hecho al final del día, pero de lo hecho no significado de las horas que han invertido en hacerlo.

Y así, poco a poco, la productividad aumentará. La felicidad aumentará. La implicación aumentará. Y, seguramente, no sólo no quiera irse nadie de tu empresa sino que tengas la opción, aunque no seas quien pague los sueldos más altos, de reclutar personas muy interesantes por el simple hecho de saber que el trabajo sí da la felicidad. O puede darla.

 

Sobre el autor

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David Blay

Desde hace 10 años asesoro a empresas y deportistas sobre cómo presentarse a los medios de manera noticiable. Soy coautor de la biografía sobre David Casinos 'Todos los días sale el sol. Y si no sale, ya me encargo yo de sacarlo' y autor del libro '¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?'. Retransmito eventos deportivos en Radio Marca y dirijo el programa 'El Mundo Que Viene' en Radio Emprende

8 comentarios

  • Tienes toda la razón, David.
    El problema es que estamos en un mercado laboral en el que reina la desconfianza. Nos quieren tener controlados porque no se fían de nosotros.
    Pasa algo similar con los autónomos. Por mucho que bajen las cuotas, la filosofía del tema es la misma: cuota fija. Y la gente de lo que se queja es que en otros países la cuota varía en función de lo que facturas. Pero mientras en la sociedad la idea que flota es que el autónomo declara lo que quiere y defrauda a hacienda, poco se podrá progresar.
    Por todo esto es por lo que el teletrabajo no ha despegado en España. Y sabrás que hace muchos años que se oye este tema.
    Un saludo 🙂

  • Un artículo muy bueno y siento ser la voz de la discordia pero para que se instale el teletrabajo de una forma sólida en España queda mucho por varios factores:

    La necesidad de trabajadores a distancia y no presenciales, aunque puedas trabajar desde casa tu empresa puede tener equipos o software que no quieran sacar de la empresa. Indra por ejemplo.

    Planificar y fijar objetivos laborales puede no ser trabajo tuyo y si a tu encargado de proyecto le da por saturarte de trabajo o no sabes gestionarlo de nada sirve.

    Confianza, este punto es clave para este tipo de trabajo y la piedra que hace de obstáculo aquí se llama “cultura”. Mientras sigamos pensando que si no te mueves de casa no trabajas…

    Debemos actualizarnos a muchos niveles y eso requiere tiempo. Por mi parte ya he empezado a “tocar” varias ramas de internet. Lo peor que puedo sacar es mucho conocimiento y la cartera vacía.

    Un saludo.

    • Tienes mucha razón David, el teletrabajo y sobre todo el basado en el empleo ajeno necesita de esa confianza de la que hablas. De nada sirve que tú quieras trabajar si tu empresa o jefe no te deja. Por eso es necesario un cambio de actitud desde las bases para que exista ese cambio.
      Lo que sí está claro es que muchas empresas empiezan a darse cuenta de que el teletrabajo puede ser una forma de despuntar en productividad y eso puede ser un comienzo.
      Un saludo y gracias!

  • Buenos días,
    Interesante artículo y una reflexión excelente. Estoy totalmente de acuerdo con el autor. Aun falta mucho camino para cambiar el “chip” pero por lo menos, creo (mi humilde opinión) que vamos de camino hacia ello.

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